21 abr. 2011



Historia urbana

Una vez conquistado y pacificado el territorio, el colonialismo español, dividió las tierras en “haciendas”, enormes superficies asignadas en propiedad según colaboración entre los primeros llegados en el proceso de conquista. Significaba en la práctica un sistema feudal, que dividía las enormes superficies de tierras entre los nuevos herederos.

El primer tejido, el de Limache viejo, se desarrolló en la ribera sur del río “estero de Limache” en la intersección del camino desde Valparaíso a Quillota, y la ruta hacia las haciendas del interior de la cuenca. Sigue un típico proceso de parcelación agrícola en torno a un eje viario, un proceso paulatino de densificación y urbanización.
El primer impulso propiamente urbano, vino con la llegada del ferrocarril en 1856, la ruta que conectaría Valparaíso con Santiago, pasaría cerca de Limache hacia Quillota, se extendió la línea especialmente con un sobrerrecorrido para buscar Limache (similar a lo que sucedió con el tren de alta velocidad español AVE en el camp de Tarragona), los dos kilómetros de distancia desde el núcleo existente, hasta la estación nueva significó el primer ensanche de la ciudad, con un modelo de ciudad jardín, se vendieron “parcelas de agrado” como balneario de la aristocracia y burguesía de la época. Fue un acierto inmobiliario de los propietarios de la tierra, los propios empresarios del ferrocarril, habían adquirido la hacienda por donde pasaría la infraestructura.
Desde entonces, la ciudad se desarrolló con dos tejidos paralelos separados por el “estero”, “Limache viejo” y “San Francisco de Limache”, cuando los habitantes van de un barrio a otro se refieren “al otro pueblo”, aunque funcione como un único sistema urbano. Durante la primera mitad del siglo XX, los tejidos fueron equipándose y especializándose, del lado “viejo” quedaron los edificios administrativos y una iglesia, conocida en la zona por una fiesta popular que celebra, y del otro lado quedó la estación y, asociado a ella, una serie de equipamientos educativos y unas piezas industriales.
En 1984 se aprueba el primer y único plan urbanístico, un documento de “zoning” primitivo, que básicamente controla la altura y prohíbe los usos industriales invasivos (contaminantes o ruidosos), tal vez su único aporte está en garantizar el “estero” como área verde.
El alcance de esta herramienta de planeamiento es bajo, pues no incluye un mecanismo para garantizar estándares mínimos de equipamientos ni áreas verdes en proporción a la nueva población existente, ni vincula el desarrollo de nuevas urbanizaciones a cesiones obligadas a la titularidad pública. No hay plazas, no hay centralidades, no hay sistemas de equipamientos asociados a áreas verdes ni al transporte, ni se rescatan las numerosas rieras(afluentes de secano)existentes ni se pronuncian sobre el paisaje montañoso de altísismo valor natural. Tampoco existe un trazado viario propuesto que se halla respetado, pues no sigue ni las lógicas del parcelario, ni de la topografía.
Las consecuencias de esta falta de visión estratégica no se hicieron esperar, el explosivo crecimiento económico de Chile en los últimos 25 años, sumado a una política de vivienda mínima como un derecho del ciudadano, trajo consigo el casi duplicamiento de población de Limache de 22.663 habitantes en el censo de 1982 a los actuales 39.219. El tejido está deficitario de servicios y áreas verdes y la construcción de vivienda en baja densidad se presenta como manchas de grano homogéneo con perímetro definido por el polígono de actuación. Existiéndolas de distintas promociones, con superficie de suelo de parcela, proporcional al estrato socioeconómico al que va dirigido. En una típica organización “decantada” sobre el territorio en donde la peor accesibilidad a los medios de transporte (la zona sur-oriente, en este caso), esta ocupado por los estratos socioeconómicos bajos, el casco viejo, por la clase media, y las zonas de mejor accesibilidad por los estratos altos.
Limache sufre en la actualidad una especie de crisis de identidad, debido a que los nuevos residentes no sienten apego por la zona ni se identifican con las actividades agrícolas tradicionales. Una intensa sequía en los últimos años, se debe en parte al proceso de urbanización en baja densidad. Limache debe equilibrar su vocación entre una ciudad agrícola y una ciudad satélite, dormitorio del área metropolitana de Valparaíso.
Pendiente está el revisar el plan para mejorar los déficits, ordenar el crecimiento, aprovechar un proyecto pendiente del arbolado público como para elegir especies agrícolas de secano (como el olivo, la higuera, la tuna, el almendro o el algarrobo). De urgencia es proteger y mantener las rieras que aún no han sido sepultadas por el expansionismo inmobiliario. Y de poner en valor los montes que le circundan, garantizando el usufructo público de estos. Por las distancias que maneja y la excelente conectividad a las principales urbes de Chile, Limache tiene la oportunidad de hacer un modelo de ciudad propio, con criterios de sostenibilidad nacidos de una “ciudad agrícola”, una especie de “urbanismo agro compatible”. Se está a tiempo, aún hay suelo y aún la zona esta por desarrollarse,…lo que no es seguro es si habrá agua… dependerá de una correcta e informada gestión ciudadana, privada y pública. 

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